LA NUEVA ORGANIZACIÓN DE LA FAMILIA



En el marco del triángulo que construyen la familia, la escuela y el trabajo de los padres, cualquier modificación aportada en uno de los polos repercute en el conjunto. El contexto familar se ha transformado y diludo tanto que casi no se ven sus efectos educativos:
  • Incorporación de la mujer al mundo laboral de forma significativa
  • Se tarda más en contraer matrimonio o en vivir en pareja.
  • Descenso espectacular de la natalidad y una demora en la edad para tener descendencia.
  • Incremento de las tasas de separaciones y divorcios
  • Aumento de familias monoparentales y de familias reconstruidas, con hermanos o hermanastros nacidos de otros matrimonios anteriores
  • Prolongación de la permanencia de los hijos en el hogar familiar
  • Permisibidad y gran concentración del afecto en los hijos. Los hijos son los "reyes de la casa" y los que realmente "mandan" en el ámbito familiar.
  • Falta de tiempo para hacer el seguimiento de la educación de los hijos. Falta de diálogo, interacción e intercomunicación.

La familia es la primera responsable en la educación de base de los hijos. Posteriormente, intervendrán la escuela, los medios de comunicación o las amistades. Está encargada de inculcar las normas básicas, las actitudes y valores necesarios para la convivencia y para el aprendizaje (socialización primaria). La educación será el mayor valor que poseerán los hijos para defenderse en la sociedad. Si declina a esto, los hijos pagarán en forma de inseguridad, trastornos de conducta o confusión.

Las relaciones familiares están fundamentadas en:
  1. Amor, Afecto y Calor humano, Cariño y Apego.
  2. Límites de la conducta basados en normas coherentes con el respeto a los demás.
Relaciones familiares patológicas:
  1. Miedo a la frustración (jóvenes intolerantes): Evitar imposición de normas para no contrariar la espontaneidad y se frustre. Nunca se le dice NO y hay ausencia de límites en la conducta.
  2. Exceso de cariño (jóvenes mimados con toda clase de caprichos): sobreprotección familiar e inmadurez.
  3. Exceso de miedo (jóvenes contaguiados de miedo), al advertirles contínuamente los padres de constante peligros.
  4. Autoestima infundada (jóvenes débiles emocionalmente): el elogio retórico produce una imagen desenfocada de uno mismo.
  5. Madre amiga, Padre amigo (jóvenes inseguros y con falta de referencias): se confunden la buenas relaciones. Esperan tener una complicidad y confianza con ellos como la que estos mantienen con sus amigos. No aceptan la necesaria separación de sus hijos durante la adolescencia. Esto les conduce a comportarse de forma complaciente, abdicar de imponer normas, de obligar o de sancionar por temor a perder dicha relación privilegiada. Andalucía educativa
La inteligencia emocional suele surgir mucho más gradualmente. Los niños prodigio en control emocional son muy raros. En cambio es bastante frecuente encontrar niños y adolescentes con déficits emocionales acentuados.

Hay tres estilos de parentaje emocionalmente inadecuados,
en cuanto al sentimiento y las dificultades emocionales de sus hijos:
  1. Ignorarlos completamente: Son triviales o molestas, no merecen la atención y hay que esperar a que se pasen.
  2. Eliminarlos inmediatamente de cualquier forma: El estilo laissez-faire. Los padres se dan cuenta de estos sentimientos. Todos sus intentos se reducen a que dejen de estar tristes o enfadados, recurriendo para ello incluso a pegarles, al engaño y al soborno.
  3. Menospreciarlos y no respetarlos: Padres muy desaprobadores y muy duros, tanto en sus críticas como en sus castigos. Pueden, por ejemplo, llegar a prohibir cualquier manifestación de enojo por parte del hijo y ser sumamente severos ante el menor signo de irritabilidad. Gritan «¡no me contestes!» al hijo que está tratando de explicar su versión de la historia.

Es importante el dominio del LENGUAJE EMOCIONAL no verbal y verbal: Se desaprovechan estas oportunidades para aproximarse al hijo para brindanles una respuesta emocional alternativa. A veces, se ignora la forma de enseñarle a aumentar su competencia emocional.

Educación emocional y Bienestar, Rafael Bisquerra

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