LA POLÍTICA basada en la libertad, la justicia y la asistencia.




Vivir juntos

Nadie llega a convertirse en humano si está sólo: nos hacemos humanos los unos a los otros. Nuestra humanidad nos la pasaron boca a boca, por la palabra, pero antes aún por a mirada que contiene amor, preocupación, reproche o burla: es decir, significados. Y que nos saca de nuestra insignificancia natural para hacernos humanamente significativos. Los individuos racionales y autónomos son productos excelentes de la evolución histórica de las sociedades, a cuya transformación contribuyen luego a su vez.

No seríamos lo que somos sin los otros pero nos cuesta ser con los otros. Para conocernos a nosotros mismos necesitamos primero ser reconocidos primero por nuestros semejantes. Ya en el plano de igualdad, el individuo admite la dignidad humana de los demás no como meros instrumentos -de muerte o de creación- sino como fines en sí mismos cuyos derechos han de ser reconocidos en un marco social de cooperación.

Gran parte de nuestros antagonismos provienen de que somos seres decididamente “racionales”, es decir, muy capaces de calcular nuestro beneficio y decididos a no aceptar ningún pacto del que no salgamos claramente gananciosos. Somos suficientemente “racionales” al menos como para aprovecharnos de los demás y desconfiar del prójimo. En un mundo donde unos pocos privilegiados poseen la inmensa mayoría de las riquezas mientras millones de criaturas perecen de hambre, podríamos concluir que vivimos en un mundo tremendamente racional pero poquísimo razonable...

No son violentos por razones “antisociales” sino por exceso de sociabilidad: tienen tanto afán de “normalidad”, de parecerse lo más posible al resto del grupo, de conservar su “identidad” con él a toda costa, que están dispuestos a exterminar a los diferentes, a los forasteros, a quienes tienen creencias o hábitos ajenos, a los que se considera que amenazan los intereses legítimos o abusivos del propio rebaño. No, no abundan los lobos feroces ni los que hay representan el mayor riesgo para la concordia humana; el verdadero peligro proviene por lo general de las ovejas rabiosas...

Pero nos parecemos tanto que con frecuencia apetecemos a la vez las mismas cosas (materiales o simbólicas) y nos las disputamos unos a otros. Incluso es frecuente que deseemos ciertos bienes solamente porque vemos que otros también los desean: ¡hasta tal puntos resultamos ser gregarios y conformistas! De modo que lo mismo que nos une nos enfrenta: nuestros intereses. La palabra “interés” viene del latín inter esse, lo que está en medio, entre dos personas o grupos: pero lo que está entre dos personas o grupos sirve en ocasiones para unirles y otras veces se interpone para separarles y volverles hostiles uno contra otro. La misma “sociabilidad” indudable de los intereses humanos hace que necesitemos vivir en sociedad pero también que en demasiadas ocasiones la concordia social nos resulte imposible.

  • El defensor de la decisión colectiva busca una sociedad explícitamente consentida por sus miembros: es decir, que ellos mismos hagan la elección acerca de las instituciones y las condiciones materiales. El defensor de la mano invisible busca una sociedad que resulte del consentimiento, aunque nunca haya sido explícitamente consentida en conjunto puesto que las elecciones de sus miembros individuales recaen sobre cuestiones que nada tienen que ver con el resultado global”. Modern Philosophy. Roger Scruton.

En líneas generales, la primera de las dos perspectivas políticas es considerada “de izquierdas” y la segunda “de derechas”; pero creo que la marcha efectiva de casi todas las sociedades que conocemos actualmente no puede ser comprendida sin aplicar en un grado u otro ambos criterios.

Las preguntas de la vida. Fernando Savater.


Como nadie vive aislado, cualquiera que tenga la preocupación ética de vivir bien no puede desentenderse olímpicamente de la política. Somos "Animales ciudadanos".

El Estado es algo producido por la naturaleza, y el hombre es por naturaleza un animal político (cívico)... Aquel que no puede vivir en sociedad o no tiene necesidad para ello, porque es autosuficiente, ha de ser una bestia o un dios.
Política. Aristóteles.

El objetivo de la política
es el de organizar lo mejor posible la convivencia social, de modo que cada cual pueda elegir lo que le conviene. Intenta coordinar de la manera más provechosa para el conjunto lo que muchos hacen con sus libertades; su preocupación es que la mayoría vivan juntos y funcione de la manera considerada más recomendable, pacífica y armoniosa.


En la ética, lo importante es querer bien (no de lo que le pasa a uno, quiera o no, ni de lo que hace a la fuerza). Para la política, lo que cuenta son los resultados de las acciones. Serán igualmente "buenos" los que cumplan las leyes por miedo, por rutina, por superstición o por convencimiento racional. Esto último lo persigue la ética.

Ética para Amador. Fernando Savater.

Somos insocialmente sociables.
Kant. La política no es más que el conjunto de las razones para obedecer y repetir, y también para desobecer, rebelarnos e inventar. Queremos mejores razones para obedecer de las que nos dan y jefes que ordenen con una autoridad más respetable.

Vivimos en conflicto porque nuestros intereses y deseos se parecen demasiado entre sí y por eso colisionan unos contra otros: queremos lo mismo pero a veces lo que anhelamos no pueden poseerlo más que unos pocos o incluso uno sólo. También es por demasiada sociabilidad (por querer ser todos muy semejantes, por fidelidad excesiva a los de nuestra misma tierra, religión, lengua, color de piel, etc...) por lo que consideramos enemigos a los distintos y proscribimos o perseguimos a los que difieren (nacionalismos, racismo, xenofobia,...).
En la sociedad tienen que darse conflictos porque en ella viven hombres reales, diversos, con sus propias iniciativas y sus propias pasiones. Una sociedad sin conflictos no sería una sociedad humana sino un cementerio o un museo de cera. Y los hombres competimos unos con otros y nos enfrentamos unos contra otros porque los demás nos importan (¡a veces hasta demasiado!), porque nos tomamos en serio unos a otros y damos transcendencia a la vida en común que llevamos con ellos. A fin de cuentas, tenemos conflictos unos con otros por la misma razón por la que ayudamos a los otros y colaboramos con ellos: porque los demás seres humanos nos preocupan.

La política se ocupa de atajar ciertos conflictos, de canalizarlos y ritualizarlos, de impedir que crezcan hasta destuir como un cáncer el grupo social. Los humanos somos agresivos,.., a nada que nos descuidemos, llevamos nuestras discrepancias conflictivas hasta el punto de matarnos unos a otros. Se necesita una autoridad política, personas o instituciones, a la que todos obedezcamos y que medien en las disputas, brindando su arbitraje o su coacción para que los individuos enfrentados no se destruyan unos a otros, para que no trituren a los más débiles (niños, mujeres, ancianos,...), para que no inicien una cadena de mutuas venganzas que acabe con la concordia del grupo.

Se necesita de autoridad para prevenir ciertos males que afectan a muchos pero que unos cuantos por interés miope favorecen (la destrucción de los recursos naturales es un buen ejemplo) y para asegurar un mínimo de educación que garantice a cada miembro del grupo la posibilidad de conocer el tesoro de sabiduría y habilidad acumulado durante siglos por quienes les preceden.

El Estado es para los individuos, no los individuos para el Estado. El individuo constituye la auténtica realidad humana, de la cual provienen el Estado y las demás instituciones, pero no al revés. El individuo se queja de la opresión y de la arbitrariedad del Estado, mientras que el Estado atribuye a la desobediencia y el egoísmo de los individuos todos los desastres políticos.

Un gobierno debe dar seguridad y tranquilidad, debe asegurar la estabilidad y el funcionamiento de la sociedad, no puede hacer feliz a nadie: basta con que no le hagan desgraciado, que es cosa que sí pueden lograr en cambio fácilmente. En los períodos de gran excitación política, como en las revoluciones, la gente cree que las transformaciones radicales resolverán no sólo los problemas de la colectividad sino que darán a cada cual aquello que más desea en su corazón. Como esto nunca pasa, la gente se "desengaña" de la política y la resaca de los grandes cambios suele dajar huella de íntimo descontento.

En la realidad de los asuntos políticos, ninguna ventaja es absolutamente ventajosa. Tienen su precio en consecuencias menos deseables: la libertad dificulta la igualdad, la justicia aumenta el control y la coacción, la prosperidad industrial deteriora el medio ambiente, las garantías jurídicas permiten a ciertos delincuentes escapar de su castigo, la educación general obligatoria puede facilitar la propaganda ideológica estatal, etc.

La utopía es el orden político en el que predominaría al máximo alguno de nuestros ideales (libertad, igualdad, justicia,..) pero sin ninguna desventaja ni contrapartida dañina. La utopía como proyecto es una tontería y como imposición es todavía peor, como han demostrado los totalitarismos del siglo XX. Las utopías cierran la cabeza, llevan a la inacción o a la desesperación destructiva (porque nada es tan bueno como debería ser).
  • La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor. Anatole France

En cambio,
los ideales políticos son mejores: abren la cabeza, estimulan el deseo de intervenir y nos conservan perversamente activos.

Los ideales políticos nunca intentan mejorar la condición humana sino la sociedad humana: no lo que los hombres son sino las instituciones de la comunidad en que viven. Si los hombres nos hacemos mejores por vivir en sociedades mejores, estupendo; pero aunque sigamos siendo más o menos igual de rapaces y cutres, nunca será inútil que las leyes y formas de gobierno ayuden a paliar nuestros defectos o nos propongan alternativas para cambiarlos por otros menos destructivos.

Política para Amador. Fernando Savater.
  • Las metas e ideales que nos mueven se generan a partir de la imaginación. Pero no están hechas de sustancias imaginarias. Se forman con la dura sustancia del mundo de la experiencia física y social. John Dewey, Una fe común.
  • En política, son los medios los que justifican el fin, nunca el fin a los medios. Albert Camus. No siembres hoy lo que no quieras cosechar mañana; no utilices ahora la represión para conseguir más libertad, ni aumentes la violencia para que un día nos libremos de la violencia, ni favorezcas la mentira como herramienta para conseguir en el futura la verdad. Nunca sale bien. Política para Amador. Fernando Savater.
  • Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo.... del miedo al cambio. Octavio Paz
  • El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente. Lord Acton
  • La política mancha las manos. J.P.Sartre
  • A una colectividad se le engaña siempre mejor que a un hombre. Pío Baroja

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