LA ÉTICA



La ética es el arte de vivir o saber vivir bien la vida humana, que nos permita acertar cuando elegimos lo que más nos conviene y vivir lo mejor posible. Se ocupa de lo que uno mismo hace con su libertad: No le preguntes a nadie qué es lo que debes hacer con tu vida, pregúntatelo a tí mismo.

La única obligación que tenemos en esta vida es no ser moralmente imbéciles = tener conciencia, no necesitar bastón para caminar con el ánimo, amarse a sí mismo. El imbécil se fija tan poco en sí mismo que termina portándose como si fuese su peor enemigo. Debería haber intentado exteriorizar por medio de su conducta ese interior limpio y recto, su verdadero yo, cuyo responsable es uno mismo, a diferencia de otras eventualidades que son azares de la naturaleza.

Tener conciencia significa:

  1. Saber que no todo da igual porque realmente queremos vivir y además vivir bien, humanamente bien.
  2. Estar dispuestos a fijarnos de si lo que hacemos corresponde a lo que de veras queremos o no.
  3. A base de práctica, ir desarrollando el buen gusto moral, de tal modo que haya ciertas cosas que nos repugne espontáneamente hacer.
  4. Renunciar a buscar coartadas que disimulen que somos libres y por tanto razonablemente responsables de las consecuencias de nuestros actos.
Hay ocasiones que elegimos aunque preferiríamos no tener que elegir. La mayoría de las cosas las hacemos porque son:
  1. Órdenes (padres, jefes, leyes,...)
  2. Costumbres (impuestas por los demás con su ejemplo y su presión -miedo al ridículo, censura, chismorreo, deseo de aceptación en el grupo,...- y otras veces nos las creamos nosotros mismos
  3. Caprichos
  4. Funcionales: son un medio para conseguir lo que queremos.

Irresistible es aquello que avasalla sin remedio -propaganda, drogra, apetito, soborno, amenaza, forma de ser,... No es más que una superstición de los que le tienen miedo a la libertad, de los "esclavos", mentecatos o bribones. Todos los que quieren dimitir de su responsabilidad creen en "lo irresistible". En cuanto aparece lo irresistible, ¡zas! deja uno de ser libre y se convierte en marioneta a la que no se deben pedir cuentas.

Resposabilidad es saber que cada uno de mis actos me van construyendo, me va definiendo, me va inventando. Al elegir lo que quiero hacer voy transformándose poco a poco. Todas mis decisiones dejan huella en mí mismo antes de dejarla en el mundo que me rodea. Y claro, una vez empleada mi libertad en irme haciendo un rostro ya no puedo quejarme o asustarme de lo que veo en el espejo cuando me miro... Si obro bien cada vez me será difícil obrar mal (y al revés, por desgracia): por eso lo ideal es ir cogiendo el vicio... de vivir bien.

Por muchas prohibiciones que nos impongan y muchos policías que nos vigilen, siempre podremos obrar mal -es decir, contra nosotros mismos- si queremos.

Ética para Amador. Fernando Savater.

  • Las acciones deben ser libres para que alguien responda de cada una de ellas. El sujeto es libre para hacerlas aunque no para desprenderse de sus consecuencias. Hume
  • Las ideas no son responsables de lo que los hombres hacen de ellas. Werner Karl Heisenberg
  • La vida del hombre no puede "ser vivida" repitiendo los patrones de su especie; es él mismo -cada uno- quien debe vivir. El hombre es el único animal que puede estar fastidiado, que puede estar disgustado, que puede sentirse expulsado del paraíso. Erich Fromm, Ética y psicoanálisis
  • Ser capaz de prestarse atención a uno mismo es requisito previo para tener la capacidad de prestar atención a los demás; el sentirse a gusto con uno mismo es la condición necesaria para relacionarse con otros. Erich Fromm, Ética y psicoanálisis.
  • Ser o hacer: En nuestra sociedad, los valores arquetípicamente masculinos son los valores predominantes. Estos están más asociados al HACER, a la actividad exterior, a la conquista y al logro visible, que al SER, al fundamento de las obras, al contacto con nuestra realidad íntima, nuestros deseos y necesidades reales, a la actitud y a la realidad no visibles que sostienen nuestro comportamiento. La filosofía, maestra de vida. Mónica Cavallé.
  • La grandeza de un hombre está en saber reconocer su propia pequeñez. Blaise Pascal
  • Por grande que sea el puesto, ha de mostrar que es mayor la persona. Baltasar Gracián
  • El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va. Antoine de Saint-Exupery
Mi vida no es una apología, sino una vida. Existe por sí misma, y no como un espectáculo (...) Lo que tengo que hacer es lo que me concierne, no lo que la gente cree. Esta regla, tan difícil en la vida práctica como en la intelectual, puede servir para establecer una distinción completa entre la grandeza y la mediocridad. Es muy difícil de seguir porque siempre hallaréis personas que creen saber cúal es vuestro deber mejor que vosotros mismos. Es fácil vivir en el mundo, según la opinión del mundo. Pero el hombre grande es el que en el medio de la muchedumbre conserva con perfecta dulzura la independencia de la soledad".

"No viváis para seguir satisfaciendo lo que esperan de vosotros esas gentes engañadas y engañosas con que nos relacionamos. Decidles:¡Oh, padre, oh madre, oh esposa, oh hermano, oh amigo!, hasta aquí he vivido con vosotros, conforme a la apariencia. De aquí en adelante, pertenezco a la verdad. Que se sepa que de ahora en adelante no obedeceré más ley que la eterna. No quiero tener convenios, sino vecindades. Trataré de alimentar a mis padres, de sostener a mi familia, de ser el marido fiel de una mujer, pero estas obligaciones las cumpliré de un modo nuevo y sin precedentes. Me aparto de vuestros usos. Tengo que ser yo mismo. No puedo quebrantarme más por ti. Si podéis amarme por lo que soy, seremos más felices. Si no podéis, trataré sin embargo de merecer que me améis. No ocultaré mis gustos ni mis aversiones. Confío tanto en que todo lo que es profundo es santo, que ejecutaré sin vacilar cuanto me alegra íntimamente y el corazón me manda. Si sois nobles, os amaré; si no, no os deshonraré ni me deshonraré a mí mismo con hipócritas atenciones. Si sois sinceros, pero no interpretáis la verdad como yo, uníos a vuestros compañeros; yo buscaré los míos; no obro de este modo por egoísmo, sino humilde y sinceramente. Es vuestro interés y el mío y el de todos los hombres vivir en la verdad, aunque hayamos sido durante mucho tiempo esclavos de la mentira. ¿Os suena esto duramente hoy? .
Confía en ti mismo. Ralph W.Emerson.

Según Ortega y Gasset, "de cuando en cuando llega a la superficie de la conciencia la voz recóndita" de nuestro fondo insobornable, de nuestro yo profundo. Para llegar a ella, tiene que abrirse paso entre un coro de voces interiores numerosas y muy diferentes entre sí (autoritarias, críticas, compasivas, victimistas, crueles, razonables, marrulleras,...), que corresponden a nuestros distintos "yoes" psicológicos.

Muchas de ellas no reflejan nuestra auténtica voz, sólo la de nuestros padres o educadores, la de nuestros amigos, la de los valores e ideas predominantes, creencias, prejuicios, expectativas, las forjadas por nuestra emotividad reactiva, nuestras frustraciones, miedos y deseos superficiales... Algunas de ellas son razonables y argumentan de forma lógica y convincente pero, aun así, no expresan nuestra verdad. Si damos crédito a estas voces, nos dividimos, nos enajenamos, nos confundimos...

Sólo la voz de nuestro yo profundo infunde convicción y confianza reales. Esta nos habla a través de un sentimiento puro preñado de conocimiento que procede de lo más elevado de nosotros y que nace en un clima interior de desinterés, honestidad y receptividad. Nunca es el resultado de un cálculo. Sus signos son la ausencia de temor, la claridad, la serenidad y la certeza. Es la voz de la intuición superior; de la "razón" (logos), no como mente discursiva, ajena al sentimiento, que argumenta y delibera considerando los "pros" y los "contras". Este tipo de raciocinio no genera por sí mismo convicción. Todos sabemos que posiciones muy distintas pueden ser argumentadas satisfactoriamente, y que es posible justificar "razonadamente" casi todo.

Nuestra voz interior no argumenta; no necesita convencernos. Su respuesta se siente. Pero tendemos a obviar este sentimiento directo e inmediato, esta voz del corazón. Dado el peso que culturalmente otorgamos a la argumentación lógica,no prestamos atención a cómo nos sentimos, y nos dejamos asesorar por voces internas o externas cargadas de razones. Los argumentos tienen su lugar, sí, pero son falaces cuando no están fundados en lo real, cuando no crecen a la luz de la intuición, que es la voz de nuestro ser, y pretenden se un sustituto de la misma.

Se igual a ti mismo.
Séneca. Coincidir con nosotros mismos, elegir la vida que nuestro fondo anhela, exige corage y algunos sacrificios (menor reconocimiento, soledad, incomprensión, ...). Sintonizamos con el flujo de la vida; las piezas de nuestra biografía, antes dispersas, se ensamblan. Al poco, muchos de quienes no aceptaban nuestra opción, ganados por nuestra alegría, nos muestran su apoyo. Todo empieza a fluir en armonía dentro y fuera de nosotros. Las dificultades y el dolor no desaparecen, pero pasan a percibirse como las sombras que hacen posible la belleza y la coherencia de un cuadro lleno de sentido: el de nuestra propia vida.
La filosofía, maestra de vida. Mónica Cavallé.

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