Varios

Pendientes a incluir en las entradas:

  • Lo terrible no es la muerte, sino el pensar que la muerte es algo terrible. Epícteto.
  • Cuando se trata a alguien como si fuese idiota es muy probable que si no lo es llegue pronto a serlo. Ética para Amador. Fernando Savater


LOS RUMORES Y LOS BULOS: "Algo se dice por ahí"


Los rumores afectan decisivamente a nuestra reputación. Deberíamos tener más cuidado a la hora de manejarlos, porque hacemos más caso a lo que se dice que a lo que vemos.

Los rumores, es decir, las especulaciones no confirmadas acerca de un objetivo determinado, no se suelen contrastar. De hecho, su difusión nunca es abierta: se dice, se rumorea, se comenta por lo bajo. Y eso no da oportunidad a la persona objetivo para demostrar la falsedad. Por eso tendemos a creerlos sin corroborarlos.

Los bulos acerca de los demás tienen una función: sirven para mantener cohesionado al grupo. Los rumores refuerzan las normas grupales y los lazos sociales. La reputación ayuda a determinar la cooperación entre los grupos humanos: apoyamos a aquellos que creemos que se lo merecen. Y decidimos si ofrecemos esa ayuda basándonos en la evaluación que hacemos del individuo calibrando los rumores que corren sobre esa persona. La parte negativa es que muchos bulos originan comportamientos negativos hacia otras personas.

Los rumores tienen un enorme potencial manipulador. Tendemos a ajustar nuestra visión del mundo o nuestra evaluación de una persona, a la percepción u opinión que tienen los otros. De esta manera, generamos visiones colectivas que son muy adaptativas. Y muchas veces, absolutamente injustas.

El hábitat del unicornio. Luis Muiño


ATAR LA AZAROSA REALIDAD


Tendemos a creer que el azar es predecible. No nos acostumbramos al azar. Tendemos a creer que podemos controlar más de lo que controlamos.

Es verdad que, habitualmente, no es una mala táctica, porque creer que podemos manipular la realidad, nos hace esforzarnos más.

Pero no está mal que alguien nos recuerde, de vez en cuando, que la realidad no siempre depende de nosotros. Aunque solo sea por aquello de evitar culpabilidades.

El hábitat del unicornio. Luis Muiño


ESTAR UN POCO LOCOS: Los pesimistas están más cerca de la verdad objetiva, pero los optimistas son más felices.

Cuando estamos deprimidos, por ejemplo, calculamos con mayor precisión las probabilidades de sufrir accidentes, de que nuestra pareja se rompa, de suspender un examen o de ser expulsados de nuestro trabajo. Pero todo eso no nos sirve para nada. Porque calcular con objetividad esas probabilidades significa que estamos deprimidos y eso aumenta nuestras posibilidades de fracaso.

Los optimistas, por el contrario, están más lejos de la realidad: creen que hay más probabilidades de éxito de las que realmente existen. Pero ese error resulta útil: como creen en sus posibilidades, los optimistas siguen intentándolo, y eso aumenta sus opciones para el éxito.

Dicho de otro modo: parece que para ser feliz hay que estar un poco loco y pensar que las cosas buenas ocurren más veces de lo que realmente pasan. Ser racional y preciso no sirve de nada, si eso lleva al pesimismo.

El hábitat del unicornio. Luis Muiño

EL LAVADO DE CEREBRO DE LOS FANÁTICOS

Hay una constante en la psicología del fanatismo: el hundimiento del “yo” individual en la ideología. Hablamos de personas cuyas emociones y pensamientos idiosincrásicos dejan de existir para convertirse en portadores de un credo. Son individuos con baja autoestima que intentan olvidar quienes son. Y para hacerlo, dejan que su ideología empape toda su vida: sus amistades, su forma de hablar o su forma de vestir acaban siendo dictadas por su doctrina. Se ocultan bajo una piel ideológica para que nadie vea lo que hay debajo…Pero quizás no lo consiguen.

El supuesto "lavado de cerebro" no cambia nada fundamental, sólo sirve para reforzarlo. Lo más profundo de la personalidad no consigue esconderse. El lavado de cerebro aumenta la tendencia que tenía el individuo a dividir el mundo en blanco y negro, en buenos y malos. Se potencia la falta de tolerancia a la incertidumbre, el temor a los acontecimientos no controlados. Se extrema el miedo a los que son diferentes, la paranoia ante la vida no atrapada. Pero todo eso ya estaba ahí previamente.

El adoctrinamiento es lo de menos. El problema nunca son las ideas. Lo que nos debe preocupar son los momentos en que nuestro credo nos sirve para hacer dicotomías radicales, sentirnos excesivamente seguros de todo y temer lo que no conocemos. En esos instantes, la paz no tiene ninguna oportunidad.

El hábitat del unicornio. Luis Muiño