Ideas maquiavélicas



Adaptación personal de una parte de El príncipe de Nicolás Maquiavelo, creador de la política como ciencia

Nota: príncipe se asimila a líder, jefe, profesor, etc.; Estado a empresa, trabajo,etc; súbditos a grupo y secretarios a colaboradores, equipo directivo, delegados, etc.

Consejos al líder para que pueda conservar su empresa, ¡ojo!, desde un punto de vista de lo constructivo y positivo:
  1. Ante lo imprevisto, proceder con prudencia, equilibrio, valentía y aún con humanidad. No crearse temores innecesarios. La excesiva confianza le hace a uno incauto y desprevenido, y la excesiva desconfianza, intolerante.

  2. El grupo se deja convencer mucho más por las cosas presentes que por las pasadas y cuando encuentran el bien en el presente, gozan de él y no buscan nada más, incluso procederá a la defensa más esforzada del líder, siempre que el líder no omita cumplir sus restantes obligaciones.

  3. Si no puede hacerse amar, el líder siempre debe evitar ser odiado o despreciado; puede muy bien ser temido sin ser odioso. Si es odiado, el grupo se unirá y buscará ayuda externa para destituirlo.

    Cuando uno quiere ser bueno en todo, y está rodeado de gentes que no lo son, camina hacia su ruina. Hay que aprender a ser bueno o no, según las circunstancias. El líder no debe preocuparse de tener la fama de cruel si para ello tiene que mantener al grupo unido y dispuesto a acometer empresas. Es más odioso generar dejadez, mayores desórdenes y rapiñas, porque se ha sido demasiado clemente.

    • "Debéis, pues, saber que existen dos formas de combatir; la una con las leyes, la otra con la fuerza. La primera es propia del hombre, la segunda de las bestias; pero como la primera muchas veces no basta, conviene recurrir a la segunda. Por tanto, es necesario a un príncipe saber utilizar correctamente la bestia y el hombre."
  4. Las amistades que se adquieren a costa de recompensas, se compran pero no se tienen, y en los momentos de necesidad, no se puede disponer de ellas. Las personas temen menos el ofender al que se hace amar que al que se hace temer, porque el amor se retiene por el solo vínculo de la gratitud, que puede romperse por interés personal; mientras que el temor se mantiene siempre con el del castigo, que no abandona nunca a las personas.

  5. Para penalizar a alguien, debe haber justificación y causa manifiesta.

  6. Un líder prudente debe apoyarse en aquello que es suyo. Es preferible que lo tachen de tacaño, que, para mantenerse, provocar la pobreza del grupo, el desprecio, la rapiña, el hurto o robo al grupo: Se olvida más pronto la muerte de un padre que la pérdida de un patrimonio.

  7. Un líder debe ingeniárselas para que cada una de sus acciones le proporcione fama de persona grande y de ingenio excelente.

  8. Manteniendo ocupado al grupo, atentos al resultado final, estos dejarán de pensar con calma en promover disturbios internos. Sin que ellos se den cuenta, el líder va consiguiendo reputación y sometiéndolos a su poder.

  9. Las desuniones son sólo beneficiosas en tiempo de paz, al permitir manejar con mayor facilidad al grupo. Pero cuando viene el conflicto, la división no sirve. Un líder sabio debe, cuando tenga la oportunidad, fomentarse con astucia alguna oposición a fin de que, una vez vencida, brille a mayor altura su grandeza.

  10. El líder debe elegir colaboradores sensatos y otorgarles solamente a ellos la libertad de decirle la verdad. Desanimar al grupo a darle consejos, si no se les pide. Debe estar siempre preguntando y escuchar pacientemente, enojándose incluso si alguien no le dice la verdad. Después, debe decidir por sí mismo y proceder directamente y mantenerse con determinación. Si actúa de otra manera constantemente, acarrea una baja estimación en el grupo.

  11. Podemos tener por prudente al líder cuando sus colaboradores son competentes y fieles, porque ha sabido conocerlos bastante bien y sabe mantenerlos fieles a su persona. De lo contrario, debemos formar sobre él un juicio poco favorable; porque ha comenzado con una falta grave tomándolos así.

    Cuando el colaborador piensa más en sí que en el líder, y que en todas sus acciones anda buscando su provecho personal, jamás será buen colaborador y jamás hay que fiarse de él.

    Pero, por otra parte, el líder para conservar fiel a su colaborador debe pensar en él recompensándole con honores y responsabilidades, enriqueciéndolo y vinculándolo a su persona. De esta manera, el colaborador, que no puede mantenerse al margen del líder, los abundantes honores y riquezas no le llevan a desear más, mientras las abundantes responsabilidades le hacen temer posibles cambios. De esta forma, pueden tener confianza el uno del otro. De lo contrario, el final es siempre desastroso para ambos.

  12. Los líderes nuevos encuentran más lealtad y mayor utilidad en aquellas personas que al comienzo de su mandato no se les tenía confianza o eran sospechosas. Están más obligadas a servirle, por cuanto que saben que les es más necesario borrar con sus actos la mala opinión que el líder tenía de ellos. En cambio, los que sirven con demasiada seguridad descuidan sus asuntos. Si el nuevo líder ha recibido apoyo únicamente de aquellos por su descontento con la situación anterior, solamente con esfuerzo y con grandes dificultades podrá mantenerlos a su lado y será imposible que pueda tenerlos contentos. Verá que le resulta mucho más fácil ganarse como amigos a aquellos que resultaban beneficiados de la situación anterior.

  13. Un líder también adquiere prestigio cuando es un verdadero amigo y un verdadero enemigo, es decir, cuando se pone resueltamente en favor de alguien contra algún otro. Esta forma de actuar es siempre más útil que permanecer neutral. El vencedor no quiere amigos dudosos que no lo defienden en la adversidad; el derrotado no te concede refugio por no haber querido compartir su suerte. Si permaneces neutral, estarás a merced del vencedor, con regocijo y satisfacción del vencido. Un líder debe guardarse de establecer una alianza con alguien más poderoso que él para atacar a otros, a no ser que se vea forzado a ello. En caso de victoria, se hace su prisionero y los líderes deben ser libres.