La respiración para cambiar el patrón mental - Osho

Siempre que quieras cambiar un patrón de la mente que se ha convertido en un hábito duradero, la respiración es lo mejor. Todos los hábitos mentales están asociados con el patrón de respiración. Cambia el patrón de respiración y la mente cambiará inmediatamente, instantáneamente. ¡Inténtalo!
Siempre que observes que esté surgiendo en ti un juicio y que estés cayendo en un viejo hábito, exhala inmediatamente, como si estuvieras tirando el juicio con la exhalación. Exhala profundamente, jalando el estómago y, conforme sacas el aire, siente o visualiza cómo todo el juicio está siendo expelido.

Después inhala profundamente dos o tres veces. Simplemente ve qué pasa. Sentirás una frescura completa; el viejo hábito no habrá logrado tomar posesión. Comienza con la exhalación, no con la inhalación. Cuando quieras absorber algo, empieza con la inhalación; cuando quieras deshacerte de algo, comienza con la exhalación. Sólo mira la manera inmediata en que es afectada la mente. Inmediatamente verás que ésta se ha movido a otro lugar; ha llegado una nueva brisa. No te encuentras en la vieja rutina así que no repetirás el viejo hábito.

Esto sucede con todos los hábitos. Por ejemplo, si fumas y sientes la necesidad de fumar pero no quieres, inmediatamente exhala profundamente y expele la necesidad. Respira profundamente y verás que la necesidad ha desaparecido de manera inmediata. Esta puede convertirse en una herramienta sumamente importante para el cambio interno.

Osho - Tónico para el alma

YOGA


Texto en construcción

El Yoga -literalmente yugo o unión- es uno de los seis Darshanas -espejos-, que son las corrientes clásicas de pensamiento emanadas de los Vedas, y por tanto su origen podemos remontarlo hasta las mismas fuentes de la espiritualidad de la India.

No es una religión. Su objetivo final es conseguir una mente estable en un cuerpo sano, despertando nuestro espíritu o nuestra conciencia y transformando gradualmente la totalidad de nuestro ser. El Yoga se plantea como un ejercicio continuado de atención, en práctica física y respiratoria y en la vida diaria, para vencer los obstáculos a la clara percepción y desarrollar todas las potencialidades del ser humano. Aporta múltiples beneficios, como el incremento de fuerza física y la destreza, de la vigilancia y la sensibilidad.

El Yoga es la aptitud para dirigir la mente exclusivamente hacia algo y mantener esa dirección sin distracción o perturbación alguna, interna o externa.

El Yoga se presenta como un esfuerzo de concentración de la mente, dirigido a distinguir lo mutable de lo inmutable, por medio de un buen uso de las actividades mentales y con una actitud de fe y esfuerzo mantenido, mediante la práctica y el desapego frente a los resultados de nuestros actos.

Lo inmutable es nuestro "yo" interior ("lo que percibe"), lo mutable es nuestra mente (instrumento que necesita nuestro "yo" para poder percibir) y la realidad palpable ("lo que es percibido"). La confusión entre estas dos entidades tan diferenciadas lleva al error, a la confusión y al sufrimiento. Su diferenciación, por la concentración, a todo lo contrario.

Las cinco actividades de la mente son: la comprensión clara (del verdadero ser del objeto elegido, en su nivel más profundo, sin ningún error), la comprensión defectuosa, la imaginación, el sueño profundo (sueño, tedio o agotamiento) y la memoria (retención mental de experiencias conscientes que nos ayuda a vivir lo cotidiano).

La práctica y el desapego debe abordarse con sobriedad, en actitud positiva, con autodisciplina y visión a largo plazo de un éxito final. No debemos detenernos por la complaciencia del éxito ni descorazonarnos en el fracaso. Una mente agitada raramente puede seguir una dirección.

Los obstáculos que impiden la claridad de percepción son: las comprensiones defectuosas, la confusión de valores (la falsa identificación se establece cuando consideramos la actividad mental como la verdadera fuente de la percepción), el exceso de apego que crea dependencias, las aversiones irracionales y el sentimiento de inseguridad o ansiedad ante el futuro. Las consecuencias de una acción serán dolorosas o beneficiosas según si los obstáculos estaban o no presentes en el planteamiento o realización de dicha acción.

En un estado de Yoga, el conocimiento ya no se basa en la memoria o en la inferencia. Los productos de la imaginación y las ideas preconcebidas, fruto de las experiencias pasadas o de acondicionamientos, que pueden impedir o deformar la comprensión, son dominados, reducidos o eliminados. La mente llega a ser transparente como un cristal y es una sola cosa con el objeto. En este momento no hay sentimiento de uno mismo. Es la percepción pura.

La mente puede tener dos estados: cuando prevalece la atención, nuestra actitud es serena, nuestra respiración es apacible y nuestra concentración sobre nuestro objeto es tal que estamos totalmente absortos en él y olvidamos lo que nos rodea. Por el contrario, en estado de distracción nuestra actitud no es serena en absoluto, nuestra respiración es irregular y nuestras actitudes apenas reflejan la más mínima capacidad de atención.

El fin último del la práctica del Yoga es la libertad, que es la ausencia de las consecuencias de los obstáculos y la supresión de las acciones que distraen o perturban. Es un estado en que todas nuestras acciones son tales que ya no engendran ni arrepentimiento ni pesar. En el más alto grado del Yoga hay ausencia total de aspiración a contentar los sentidos o a vivir experiencias extraordinarias.


Yoga sūtra (‘aforismos de yoga’) de Patañjali (probablemente del siglo III a. C.) es el libro más antiguo sobre el yoga. Prescribe que la práctica del Yoga comprende estos ocho componentes:

El yoga no dispone de un orden moral estructurado "desde fuera", pero sí proporciona una línea general de conducta ante los demás y ante uno mismo; toda moralidad existe para el yogui en función de la liberación, que es el único bien absoluto. Los Yamas y Niyamas conforman la guía ética del yoga:
  1. Yama: nuestras actitudes respecto a lo que nos rodea:
    1. Ahiṃsā. Amabilidad, no-violencia, compasión por uno mismo y por los demás, en particular hacia los inocentes, los que están en apuros o en una situación peor que la nuestra. A más considerado se es, más se estimulan sentimientos amigables en todos aquellos que se encuentran en nuestra presencia.
    2. Satya Ser honesto en la comunicación, comunicar con sensibilidad, sin herir a nadie (en caso contrario, se omite la verdad), sin mentir, con la necesaria reflexión requiere un estado de ser muy puro, no se errará en los propios actos.
    3. Asteya Abandono de la codicia o capacidad de resistir al deseo de lo que no nos pertenece. Quien es digno de confianza, porque no codicia lo que pertenece a otros, tiene naturalmente la confianza de todos, que lo comparten todo con él, por muy preciosa que sea la cosa a compartir. El robo es el resultado de creer que nos falta algo, lo cual es contrario a la ley universal de la abundancia.
    4. Brahmacharya Moderación en todos nuestros actos, para evitar que los apegos nos esclavicen.
    5. Aparigraha Abandono de la avaricia o capacidad de aceptar sólo lo apropiado. Quien no es avaricioso está seguro. A más poseemos, más debemos ocuparnos de ello. El tiempo y la energía gastados en adquirir y proteger nuestros bienes y en padecer por ellos no pueden ser dedicados a las cuestiones esenciales de la vida.
  2. Niyama: nuestras actitudes hacia nosotros mismos:
    1. Śaucha Orden y Limpieza, es decir, mantener limpio y aseado nuestro cuerpo y nuestro entorno. Lo que se deteriora es exterior. Lo que no se deteriora está, profundamente en nuestro interior. Cuanto más consideremos nuestro entorno como un templo, más nos acercaremos a lo Divino.
    2. Santoṣa Contentamiento o facultad de sentirse a gusto con lo que se posee y lo que no se posee. El resultado es la felicidad completa.
    3. Tapas Eliminación de las impurezas que hay en nuestro organismo físico y mental por la práctica de hábitos correctos de sueño, ejercicio, nutrición, trabajo y relajación. Permite un funcionamiento más eficaz del cuerpo.
    4. Svādhyāya Estudio y necesidad de revisar y evaluar nuestros progresos. El estudio, llevado a su más alto grado, nos acerca a fuerzas superiores que ayudan a comprender lo más complejo. Debemos aprender a acabar con nuestras debilidades y a hacer el mejor uso de nuestras fuerzas.
    5. Iśvara praṇidhāna Veneración de una inteligencia superior o aceptación de nuestros límites frente a Dios, el Omnisciente. Da un sentimiento de confianza y proporciona la capacidad de comprender completamente cualquier objeto que se elija.
El Asana y el Pranayama nos ayudan a comprender y a usar correctamente nuestro cuerpo y nuestra respiración. Es más cómodo empezar por ellos que por el cambio de nuestras actitudes. Nos permiten, a la mayoría de nosotros, comenzar a reducir los obstáculos que impiden el estado de Yoga.
  1. Āsana: la práctica de ejercicios físicos ayudará al practicante a soportar, e incluso minimizar, el efecto de las influencias exteriores sobre el cuerpo: la edad, el clima, la alimentación y el trabajo.
    Debe haber atención sin tensión y relajación sin embotamiento ni pesadez. Las distracciones o perturbaciones conforme entran en nuestro pensamiento deben ir saliendo.
  2. Prāṇāyāma: la práctica de ejercicios respiratorios reduce los obstáculos que inhiben la clara percepción.
    Es la regulación consciente y deliberada de la respiración, que reemplaza las formas inconscientes de respiración. Sólo es posible si se tiene un cierto dominio de la práctica de âsana. Comprende la regulación de la expiración, de la inspiración y de la supresión de la respiración. La regulación de estas tres fases se realiza modulando su duración y manteniendo esta modulación durante un cierto tiempo. La mente debe centrarse en este proceso. Los componentes de la respiración deben ser, a la vez, largos y uniformes. Entonces la respiración trasciende el plano de la conciencia.
  3. Pratyāhāra: la sujeción de los sentidos se produce cuando la mente es capaz de permanecer en la dirección elegida y los sentidos, que se desvían de los diversos objetos del entorno, siguen fielmente la orientación de la mente. Entonces los sentidos son dominados.
  4. Dhāraṇā: la capacidad de dirigir la mente hacia lo que intentamos comprender, sin tener en cuenta la existencia de numerosos objetos potenciales al alcance de la persona.
  5. Dhyāna: ‘meditación’ - la capacidad de desarrollar interacciones con lo que intentamos comprender.
  6. Samādhi: ‘completa absorción’ - la integración completa con el objeto de nuestra comprensión. La persona está tan absorbida que ya sólo es aparente la comprensión de dicho objeto. Es como si hubiera perdido su propia identidad.


Falta la continuación...

Yoga-Sutra (Codigos) de Patanjali.

OTRA ESCUELA ES NECESARIA Y ES POSIBLE


La escuela y la universidad necesitan un cambio. Este cambio no puede venir aplicando políticas de mercantilización de lo educativo, ni modelos empresariales de planificación y control de calidad. Las personas no son mercancías. Algunos principios de la escuela que necesitamos son:
  1. Centrada en los estudiantes y en su desarrollo integral.
  2. Con contenidos vinculados a las problemáticas importantes de nuestro mundo. (No desfasados. La información circula por Internet, los problemas son interdisciplinares, las certezas absolutas han desaparecido y nos enfrentamos a un futuro crítico, incierto y complejo).
  3. Con metodologías que promuevan aprendizajes funcionales y la capacidad de aprender a aprender. Donde el esfuerzo tenga sentido. (No se base en el aprendizaje repetitivo y no prolongación de la jornada con abundantes deberes; muchos no entienden las explicaciones e identifican el saber con retener información para el examen, y olvidar lo estudiado).
  4. Con recursos didácticos modernos y variados. Una escuela que utilice de forma inteligente y crítica los medios tecnológicos de esta época.
  5. Con formas de evaluación formativas que abarquen a todos los implicados y que impulsen la motivación interna. (No evaluación sancionadora).
  6. Con docentes formados e identificados con su profesión y estimulados para la innovación. (para enseñar no basta con saber el contenido).
  7. Con una ratio razonable y con profesorado ayudante y en prácticas. Con momentos para diseñar, evaluar, formarse e investigar.
  8. Con un ambiente acogedor, donde los tiempos, espacios y mobiliarios estimulen y respeten las necesidades de los menores.
  9. Cogestionada por toda la comunidad educativa. Que promueva la corresponsabilidad del alumnado. (Los menores son el producto de la sociedad en la que viven. La incitación al consumo, la cultura del triunfo y de la superficialidad, su conversión en objetivos del mercado y la forma de vida de los adultos con los que viven son, entre otras, realidades que influyen en su desarrollo.)
  10. Auténticamente pública y laica. Con un marco legal mínimo basado en grandes finalidades y obtenido por un amplio consenso político y social.

Del manifiesto de la RED IRES (investigación y innovación escolar) en http://www.redires.net/?q=node/51

¿Será la tecnología una oportunidad perdida?

Artículo de Opinión de EL PAÍS:

"Está en marcha lo que puede ser un ambicioso plan de equipamiento tecnológico para los centros de enseñanza. Bienvenido sea. Hay buenas razones para impulsar la educación y ésta puede ser una palanca eficaz para hacerlo. Sin embargo, puede ser aconsejable recordar alguna obviedad, como por ejemplo que la tecnología debe estar al servicio de la educación, y no al revés. Eso quiere decir que debe servir y potenciar el trabajo de los profesores para lograr los mejores resultados de sus alumnos. También esto debería ser evidente.

Que la educación en España necesita un buen impulso es otra evidencia. Sus indicadores y los resultados de los estudios -sin ser catastróficos como a veces se comenta de forma un tanto frívola- es cierto que dejan bastante que desear. Como igualmente deja que desear el gasto público español en educación, inferior en un 20% al gasto medio de los países de la OCDE. Tampoco las polémicas y el ruido partidista de los últimos años han ayudado a formular con seriedad acciones eficaces y de largo aliento. Ojalá, pues, que la formación del capital humano pase a ser objeto de la atención y el esfuerzo que merece, lo que por otra parte sería una buena noticia para una sociedad que no todo lo puede fiar a la evolución del Euríbor.

¿Podrá impulsar un buen plan el Ministerio de Educación? Estaría muy bien, y es su obligación: fijar una línea común, válida y positiva para el conjunto de las taifas en que se ha convertido el mapa de la educación española. Además, sin la implicación -también presupuestaria- del Gobierno de la nación, poco se avanzará en estos tiempos difíciles.

Un plan de equipamiento tecnológico que llegue a todos los centros de enseñanza puede ser ese impulso que parece estar pidiendo la educación española. Lo es en tanto que dota de una infraestructura imprescindible en el siglo XXI en los procesos de formación. Los chicos y chicas a los que hoy se les aplica esa curiosa etiqueta de nativos digitales lo son porque manejan la tecnología habitualmente en sus hogares. Es muy aconsejable que, además, usen en su formación regular en los centros de enseñanza esos equipos, pues en ese contexto se va a desarrollar su vida, la profesional y la más amplia y personal.

Bienvenidas sean, pues, la conexión de banda ancha, los ordenadores sencillos para cada alumno, las pizarras digitales y demás instrumentos que puedan quedarse y ser usados en las aulas.

Para llevar a buen puerto ese ambicioso proceso hace falta dinero, voluntad política, capacidad de convocatoria y consenso que movilice a múltiples actores, lo que no es poco. Pero ayu

-dará mucho no olvidar un requisito básico, como es la sensibilidad y respeto al trabajo que desarrollan profesores y alumnos. Porque podrían llenarse de tecnología colegios e institutos e ignorar -o lo que sería peor, violentar- el proceso educativo con la terrible descalificación de que los profesores no saben o no están preparados para hacer su trabajo como a partir de ahora lo tendrán que hacer con todos estos recursos. (No crean que es éste un recelo exagerado, pues se dice, repite y escribe).

Pues bien, para empezar, eso no es cierto. Hay estudios que ponen de manifiesto que los profesores españoles, hoy, usan en una abrumadora mayoría, y para distintos fines el ordenador, en consultas a Internet, para el correo electrónico, etcétera. No es frecuente el uso en el aula, en el trabajo ordinario de sus clases -aunque hay significativas experiencias pioneras- por la elemental razón de que esas aulas no están equipadas. Así que será fácil romper esa tonta aporía llevando a las aulas la tecnología que ahora tienen en su casa, en la clase de informática o en la sala de profesores.

Los profesores no están en ninguna prehistoria, incluida la tecnológica. Están en otra historia, en la suya, que consiste en llevar a un grupo de alumnos a los aprendizajes que se han establecido como referentes en los planes de estudio. Si no lo hicieran así, estarían abocados al fracaso, el escolar de sus alumnos y el profesional de todos los que tienen responsabilidad en esa cadena.

Hay otro olvido o descalificación que consiste en creer que puede hacerse educación prescindiendo o relegando los contenidos. (Esta palabreja, puesta en circulación en otros ámbitos, en educación quiere decir la información o el contenido de los distintos saberes, los conocimientos que deben ser objeto de aprendizaje). Pretender que, además de enseñar, los profesores pueden hacer los contenidos es una utopía. Creer que ya están ahí, en Internet, es una frivolidad. La práctica educativa demanda información adecuada, es decir, bien secuenciada y ajustada a las capacidades de aprendizaje de los alumnos, no la ocasional o descontextualizada que suele bajarse de Internet. Con buenos contenidos al profesor se le hace más fácil dar buenas clases, y los estudiantes tienen más accesible el camino del éxito escolar.

Hasta ahora los contenidos educativos estaban en los libros. Los buenos libros para la enseñanza son herramientas valiosas que apoyan y acompañan a profesores y alumnos. Al profesor le ayudan a marcar en la práctica los objetivos del currículo, demasiado lejano en su formulación al día a día del curso. A los alumnos les aporta acceso directo a información relevante e inteligible para ellos. A ambos les permite trabajar combinando instrucciones directas del profesor y trabajo autónomo de los alumnos. Por ello es difícil sustituirlos en la práctica educativa.

Ahora se amplían los soportes. Podemos disponer de libros electrónicos o digitales. ¿Qué hacer? Una tentación es pensar que todo puede emigrar a ese formato -bueno, moderno, barato-. Sin embargo, la realidad no opera así, especialmente la realidad educativa. La experiencia indica que la información suministrada sólo en pantalla, y especialmente aquella que necesita mayor fijación y trabajo personal, es insuficiente para producir buenos aprendizajes. En los lugares que se han quedado con la fórmula tecnología y sólo recursos digitales, la dinámica del aprendizaje se dispersa. Y el rendimiento no responde. La fórmula que opera en países punteros es una integración de tecnología con recursos digitales más un núcleo curricular básico desarrollado en buenos y ágiles libros. Todo ello, integrado, por supuesto, y con claro guión para que lo administre desde un solo mando el profesor.

¿Se aprovechará la oportunidad tomando la dirección correcta? ¿Se jugará al ensayo y error, olvidando la máxima que aconseja hacer los experimentos sólo con gaseosa?

Emiliano Martínez es editor.

Valoración docente

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Crímenes sin sentido - La urgencia de vetar las armas y prevenir la frustración violenta

A pesar de lo esporádico de estas eclosiones de brutalidad, las autoridades europeas han de ser conscientes de que se enfrentan a una patología social potencialmente grave y cuyo único tratamiento de fondo es intensificar las pautas de socialización y de respeto democrático durante el periodo crítico de la educación de los jóvenes que va desde los seis hasta los 26 años.

Las fantasías paramilitares, los juegos de rol, el exterminio indoloro de los enemigos en las pantallas y videoconsolas, prestan una canalización fácil y, por desgracia, casi única, a las frustraciones de los jóvenes marginados en la escuela o en su entorno.

Es hora de que los sistemas educativos se dediquen a prevenir este tipo de comportamientos atroces.

Y, por supuesto, el uso de las armas debe ser prohibido o severamente restringido. No resulta fácil entender cómo el terror de las matanzas indiscriminadas y sin sentido, que en Estados Unidos se explicaba inmediatamente por el libre mercado de armas, se ha contagiado a países europeos. Pero está claro que una de las explicaciones es el demonio de las armas. Todo lo que la sociedad haga por impedir su uso se lo ahorrará en crímenes.

Editorial de EL PAÍS