Crímenes sin sentido - La urgencia de vetar las armas y prevenir la frustración violenta

A pesar de lo esporádico de estas eclosiones de brutalidad, las autoridades europeas han de ser conscientes de que se enfrentan a una patología social potencialmente grave y cuyo único tratamiento de fondo es intensificar las pautas de socialización y de respeto democrático durante el periodo crítico de la educación de los jóvenes que va desde los seis hasta los 26 años.

Las fantasías paramilitares, los juegos de rol, el exterminio indoloro de los enemigos en las pantallas y videoconsolas, prestan una canalización fácil y, por desgracia, casi única, a las frustraciones de los jóvenes marginados en la escuela o en su entorno.

Es hora de que los sistemas educativos se dediquen a prevenir este tipo de comportamientos atroces.

Y, por supuesto, el uso de las armas debe ser prohibido o severamente restringido. No resulta fácil entender cómo el terror de las matanzas indiscriminadas y sin sentido, que en Estados Unidos se explicaba inmediatamente por el libre mercado de armas, se ha contagiado a países europeos. Pero está claro que una de las explicaciones es el demonio de las armas. Todo lo que la sociedad haga por impedir su uso se lo ahorrará en crímenes.

Editorial de EL PAÍS


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