YOGA


Texto en construcción

El Yoga -literalmente yugo o unión- es uno de los seis Darshanas -espejos-, que son las corrientes clásicas de pensamiento emanadas de los Vedas, y por tanto su origen podemos remontarlo hasta las mismas fuentes de la espiritualidad de la India.

No es una religión. Su objetivo final es conseguir una mente estable en un cuerpo sano, despertando nuestro espíritu o nuestra conciencia y transformando gradualmente la totalidad de nuestro ser. El Yoga se plantea como un ejercicio continuado de atención, en práctica física y respiratoria y en la vida diaria, para vencer los obstáculos a la clara percepción y desarrollar todas las potencialidades del ser humano. Aporta múltiples beneficios, como el incremento de fuerza física y la destreza, de la vigilancia y la sensibilidad.

El Yoga es la aptitud para dirigir la mente exclusivamente hacia algo y mantener esa dirección sin distracción o perturbación alguna, interna o externa.

El Yoga se presenta como un esfuerzo de concentración de la mente, dirigido a distinguir lo mutable de lo inmutable, por medio de un buen uso de las actividades mentales y con una actitud de fe y esfuerzo mantenido, mediante la práctica y el desapego frente a los resultados de nuestros actos.

Lo inmutable es nuestro "yo" interior ("lo que percibe"), lo mutable es nuestra mente (instrumento que necesita nuestro "yo" para poder percibir) y la realidad palpable ("lo que es percibido"). La confusión entre estas dos entidades tan diferenciadas lleva al error, a la confusión y al sufrimiento. Su diferenciación, por la concentración, a todo lo contrario.

Las cinco actividades de la mente son: la comprensión clara (del verdadero ser del objeto elegido, en su nivel más profundo, sin ningún error), la comprensión defectuosa, la imaginación, el sueño profundo (sueño, tedio o agotamiento) y la memoria (retención mental de experiencias conscientes que nos ayuda a vivir lo cotidiano).

La práctica y el desapego debe abordarse con sobriedad, en actitud positiva, con autodisciplina y visión a largo plazo de un éxito final. No debemos detenernos por la complaciencia del éxito ni descorazonarnos en el fracaso. Una mente agitada raramente puede seguir una dirección.

Los obstáculos que impiden la claridad de percepción son: las comprensiones defectuosas, la confusión de valores (la falsa identificación se establece cuando consideramos la actividad mental como la verdadera fuente de la percepción), el exceso de apego que crea dependencias, las aversiones irracionales y el sentimiento de inseguridad o ansiedad ante el futuro. Las consecuencias de una acción serán dolorosas o beneficiosas según si los obstáculos estaban o no presentes en el planteamiento o realización de dicha acción.

En un estado de Yoga, el conocimiento ya no se basa en la memoria o en la inferencia. Los productos de la imaginación y las ideas preconcebidas, fruto de las experiencias pasadas o de acondicionamientos, que pueden impedir o deformar la comprensión, son dominados, reducidos o eliminados. La mente llega a ser transparente como un cristal y es una sola cosa con el objeto. En este momento no hay sentimiento de uno mismo. Es la percepción pura.

La mente puede tener dos estados: cuando prevalece la atención, nuestra actitud es serena, nuestra respiración es apacible y nuestra concentración sobre nuestro objeto es tal que estamos totalmente absortos en él y olvidamos lo que nos rodea. Por el contrario, en estado de distracción nuestra actitud no es serena en absoluto, nuestra respiración es irregular y nuestras actitudes apenas reflejan la más mínima capacidad de atención.

El fin último del la práctica del Yoga es la libertad, que es la ausencia de las consecuencias de los obstáculos y la supresión de las acciones que distraen o perturban. Es un estado en que todas nuestras acciones son tales que ya no engendran ni arrepentimiento ni pesar. En el más alto grado del Yoga hay ausencia total de aspiración a contentar los sentidos o a vivir experiencias extraordinarias.


Yoga sūtra (‘aforismos de yoga’) de Patañjali (probablemente del siglo III a. C.) es el libro más antiguo sobre el yoga. Prescribe que la práctica del Yoga comprende estos ocho componentes:

El yoga no dispone de un orden moral estructurado "desde fuera", pero sí proporciona una línea general de conducta ante los demás y ante uno mismo; toda moralidad existe para el yogui en función de la liberación, que es el único bien absoluto. Los Yamas y Niyamas conforman la guía ética del yoga:
  1. Yama: nuestras actitudes respecto a lo que nos rodea:
    1. Ahiṃsā. Amabilidad, no-violencia, compasión por uno mismo y por los demás, en particular hacia los inocentes, los que están en apuros o en una situación peor que la nuestra. A más considerado se es, más se estimulan sentimientos amigables en todos aquellos que se encuentran en nuestra presencia.
    2. Satya Ser honesto en la comunicación, comunicar con sensibilidad, sin herir a nadie (en caso contrario, se omite la verdad), sin mentir, con la necesaria reflexión requiere un estado de ser muy puro, no se errará en los propios actos.
    3. Asteya Abandono de la codicia o capacidad de resistir al deseo de lo que no nos pertenece. Quien es digno de confianza, porque no codicia lo que pertenece a otros, tiene naturalmente la confianza de todos, que lo comparten todo con él, por muy preciosa que sea la cosa a compartir. El robo es el resultado de creer que nos falta algo, lo cual es contrario a la ley universal de la abundancia.
    4. Brahmacharya Moderación en todos nuestros actos, para evitar que los apegos nos esclavicen.
    5. Aparigraha Abandono de la avaricia o capacidad de aceptar sólo lo apropiado. Quien no es avaricioso está seguro. A más poseemos, más debemos ocuparnos de ello. El tiempo y la energía gastados en adquirir y proteger nuestros bienes y en padecer por ellos no pueden ser dedicados a las cuestiones esenciales de la vida.
  2. Niyama: nuestras actitudes hacia nosotros mismos:
    1. Śaucha Orden y Limpieza, es decir, mantener limpio y aseado nuestro cuerpo y nuestro entorno. Lo que se deteriora es exterior. Lo que no se deteriora está, profundamente en nuestro interior. Cuanto más consideremos nuestro entorno como un templo, más nos acercaremos a lo Divino.
    2. Santoṣa Contentamiento o facultad de sentirse a gusto con lo que se posee y lo que no se posee. El resultado es la felicidad completa.
    3. Tapas Eliminación de las impurezas que hay en nuestro organismo físico y mental por la práctica de hábitos correctos de sueño, ejercicio, nutrición, trabajo y relajación. Permite un funcionamiento más eficaz del cuerpo.
    4. Svādhyāya Estudio y necesidad de revisar y evaluar nuestros progresos. El estudio, llevado a su más alto grado, nos acerca a fuerzas superiores que ayudan a comprender lo más complejo. Debemos aprender a acabar con nuestras debilidades y a hacer el mejor uso de nuestras fuerzas.
    5. Iśvara praṇidhāna Veneración de una inteligencia superior o aceptación de nuestros límites frente a Dios, el Omnisciente. Da un sentimiento de confianza y proporciona la capacidad de comprender completamente cualquier objeto que se elija.
El Asana y el Pranayama nos ayudan a comprender y a usar correctamente nuestro cuerpo y nuestra respiración. Es más cómodo empezar por ellos que por el cambio de nuestras actitudes. Nos permiten, a la mayoría de nosotros, comenzar a reducir los obstáculos que impiden el estado de Yoga.
  1. Āsana: la práctica de ejercicios físicos ayudará al practicante a soportar, e incluso minimizar, el efecto de las influencias exteriores sobre el cuerpo: la edad, el clima, la alimentación y el trabajo.
    Debe haber atención sin tensión y relajación sin embotamiento ni pesadez. Las distracciones o perturbaciones conforme entran en nuestro pensamiento deben ir saliendo.
  2. Prāṇāyāma: la práctica de ejercicios respiratorios reduce los obstáculos que inhiben la clara percepción.
    Es la regulación consciente y deliberada de la respiración, que reemplaza las formas inconscientes de respiración. Sólo es posible si se tiene un cierto dominio de la práctica de âsana. Comprende la regulación de la expiración, de la inspiración y de la supresión de la respiración. La regulación de estas tres fases se realiza modulando su duración y manteniendo esta modulación durante un cierto tiempo. La mente debe centrarse en este proceso. Los componentes de la respiración deben ser, a la vez, largos y uniformes. Entonces la respiración trasciende el plano de la conciencia.
  3. Pratyāhāra: la sujeción de los sentidos se produce cuando la mente es capaz de permanecer en la dirección elegida y los sentidos, que se desvían de los diversos objetos del entorno, siguen fielmente la orientación de la mente. Entonces los sentidos son dominados.
  4. Dhāraṇā: la capacidad de dirigir la mente hacia lo que intentamos comprender, sin tener en cuenta la existencia de numerosos objetos potenciales al alcance de la persona.
  5. Dhyāna: ‘meditación’ - la capacidad de desarrollar interacciones con lo que intentamos comprender.
  6. Samādhi: ‘completa absorción’ - la integración completa con el objeto de nuestra comprensión. La persona está tan absorbida que ya sólo es aparente la comprensión de dicho objeto. Es como si hubiera perdido su propia identidad.


Falta la continuación...

Yoga-Sutra (Codigos) de Patanjali.